sábado, 26 de mayo de 2012


aprobación de todas sus compañeras.


Un mes después,  ya sabemos que había mucha prisa,  Chila puso una condición:
Nadie puede probar los dulces  hasta que  yo vuelva con el abrelatas.
-¿Me  lo juran?  -Sí, contestaron todas... pasados  dos meses.   Tenían mucho afán en continuar el paseo.


Ya  habían transcurrido cinco años  y las tortugas empezaron a mirar los dulces con apetito, pero habían jurado no probarlos  mientras  Chila iba por el  abrelatas.   Y  Chila como era de querida,  Chila como era de sacrificada, imposible  faltarle  a Chila.  A los  6 años ya no se aguantaban más y una dijo:


-Probemos sólo un poquito y le guardamos a  Chila el pedazo  más  grande.



Al  año otra se precipitó  a unirse a su compañera. Como el hambre apremiaba, un año después...  ya todas estaban de acuerdo... sólo una pruebita...


-Tú, mete el dedo primero, le dijeron a la más respetable, tal vez por su edad: 780 años, recién cumpliditos.


 Ella se precipitó a meter el dedo... 20 días  después. Cuando se chupaba el dedo, casi simultáneamente... a los dos días... salió  Chila del matorral vecino:


 ¡¡Ah!!,  sí,   ya sabía que no cumplían  su palabra. ¡¡¡YA    NO     VOY   POR    EL   ABRELATAS!!!